martes, 10 de agosto de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA PREVENCIÓN DEL DELITO

Contra el delito hay dos alternativas: la prevención y la represión. Sin embargo, éstas no se excluyen. Los últimos programas contra el delito implementados con eficacia en países como Inglaterra, Estados Unidos y Canadá aseguran que hay que combinar ambas estrategias.

"Es mejor prevenir que curar", dice el sabio dicho popular. Y es cierto. Estos planes contra el delito que mencionábamos, aunque también incluyen medidas represivas para controlar el delito, enfatizan la importancia de la prevención. Pero esto no es tan sencillo: hay diferentes frentes contra los que se puede actuar desde esta perspectiva. Se puede prevenir para que potenciales ofensores no incurran en el camino del delito, o se puede prevenir para reducir las oportunidades circunstanciales de cometer actos delictivos por personas que ya son delincuentes. La primera es, por ejemplo, la senda elegida por los que combaten la droga, la pobreza, la marginación social, etc. Se supone que éstas son las causas del delito, entonces se las enfrenta a través de la prevención social. La segunda alternativa incluye medidas tales como una mayor iluminación, la modificación del paisaje urbano para hacerlo más seguro, la instalación de alarmas, etc. Se trata de la prevención situacional-ambiental.

¿Tarea de quién?

Otra cuestión es quién esta implicado en la tarea de prevenir. La respuesta es simple: todos somos responsables de evitar que sucedan hechos delictivos. No pasa lo mismo con la represión, que es un ámbito exclusivo del Estado. De alguna manera, los ciudadanos pueden hacer algo para controlar la inseguridad. La forma más sencilla, y que inconscientemente aplicamos en la vida cotidiana es la prevención situacional- ambiental.

Individualmente, podemos lograr una mejor calidad de vida cambiando nuestra actitud de despiste por una de observación y alerta permanentes. Esto vale tanto para cuando estamos en casa como para cuando caminamos por la calle. No significa que debamos vivir con miedo; quiere decir que seamos precavidos. En casa, es importante verificar que la puerta se mantenga cerrada con llave permanentemente. Parece un consejo obvio, pero a veces pasan las cosas cuando menos lo pensamos. Recuerde que "la oportunidad hace al ladrón". Además, es un buen recurso instalar alarmas, ya que tienen un gran poder de disuasión. Y cuando circulamos por la vía publica, lo mejor es evitar llevar objetos valiosos como alhajas; además, caminar siempre por lugares bien iluminados y no desolados y cuidar nuestras pertenencias en todo momento.

Aparte de las que podemos tomar individualmente, hay otras medidas que no son tan frecuentes pero que son muy eficaces: la prevención comunitaria. Recientes experiencias indican que cuando los vecinos se cuidan entre sí se reduce enormemente la vulnerabilidad al delito. En este sentido, las alarmas comunitarias han cobrado popularidad. Otras posibilidades son: redes telefónicas, observar horarios y zonas peligrosas, reuniones periódicas entre vecinos, etc. Lo importante de estas estrategias es que estén coordinadas con la policía del lugar. Una mejor comunicación entre los residentes del barrio  facilita la tarea de la policía y tranquiliza a los vecinos.

En conclusión, toda estrategia que pretenda controlar el delito debe incluir a la prevención como uno de sus pilares más importantes. Y dentro de ella, debe prever tanto la intervención social dirigida a posibles delincuentes, como la prevención situacional para reducir oportunidades a los malhechores.

La responsabilidad de prevenir es del Estado, pero también de la ciudadanía. Desde nuestro puesto, todos podemos hacer frente a la inseguridad.